Sin confianza no se puede mejorar el bienestar

Sin confianza no se puede mejorar el bienestar

En estos últimos días, el país mira con asombro cómo la cotización de los dólares alternativos (blue, contado con liquidación, dólar MEP, etc.) se elevó a un ritmo casi sin precedentes, arrastrando en este proceso a los precios de muchos bienes y servicios, e iniciando la “búsqueda” de culpables (las declaraciones de candidatos presidenciables, unos pocos “vivos”, el aumento del gasto público, etc.).

La experiencia histórica nos muestra que el verdadero “culpable” es la incertidumbre, la pérdida de la confianza, y la búsqueda de protección ante posibles acciones gubernamentales que afecten los ingresos y los patrimonios. El resultado inevitable es el de mayor pobreza y transferencias de ingresos entre sectores.

El mercado cambiario es la contrapartida del mercado de pesos; para comprar dólares necesito pesos. Si emito pesos en exceso y la gente no los quiere atesorar se genera una tendencia a “deshacerse” de lo pesos, ya sea comprando dólares o comprando bienes.

En Argentina, desde hace ya más de 70 años, la primera tendencia es a comprar dólares y luego bienes, por eso las tenencias privadas de divisas son equivalentes a casi un PBI. Estas personas no son “traidores a la patria”, son personas que se hartaron de ser estafadas.

Con libre acceso a la compra de divisas este proceso de huida se refleja en pérdidas de reservas, destruyendo en el proceso el excedente de pesos. Ante esta situación, los sucesivos gobiernos recurren al control de cambio (restricciones a la compra de divisas), lo que disminuye (pero no elimina) la pérdida de reservas y “fomenta” la creación de mercados paralelos que por definición tienen una cotización más alta que en el mercado oficial.

Estas restricciones generan un gran número de distorsiones dañinas para la economía. El impacto más grave es el del deterioro de la institucionalidad puesto que rompe la relación entre legalidad y legitimidad.

La gente compra dólares para huir de las repetidas “estafas” de los gobiernos de turno, pero como es una operación ilegal (aunque existen alternativas legales) se ven obligados a elegir entre romper la legalidad o dejarse estafar. Llevado al extremo (evasión, contrabando, etc.) esta tendencia rompe el tejido social.

La existencia de una brecha, afecta el funcionamiento del comercio exterior puesto que todos quieren exportar al tipo de cambio más alto e importar al más bajo, lo que ante las restricciones incentiva operaciones de sobrefacturación y adelantos de importaciones, y de subfacturación y de atrasos de exportaciones, y también el contrabando.

La brecha también lleva a que muchos precios se fijen en función del tipo de cambio más alto y, peor aún, en base a la expectativa de a qué nivel estará ese tipo de cambio al momento de la reposición de la mercancía vendida.

El comercio, y el turismo, con países vecinos también se ven siempre afectados. No es la primera vez que nuestro país se sorprende por un gran número de visitantes que llegan a nuestras ciudades atraídos por los bajos precios en términos de sus monedas, del mismo modo que lo opuesto ocurrió también en varias oportunidades.

Este circuito no termina allí; las transacciones entre particulares no destruyen los pesos, solo modifican su precio relativo. El que recibe los pesos –y/o el tenedor original de los pesos- debe decidir qué hacer con ellos y frecuentemente dan “una vuelta” por los mercados de bienes y servicios (“tenemos los restaurantes llenos, los recitales colmados…”) lo que ralentiza la caída de la actividad económica y acelera la inflación. Pero los pesos siguen sin desaparecer, solo pierden su valor en términos de bienes y en términos del dólar.

El motivo inmediato de estos acontecimientos es la emisión excesiva de moneda en relación a su demanda, pero el verdadero motivo es la declinación de la confianza. El diccionario de la lengua española define a la confianza como “la esperanza firme o seguridad que se tiene de que una cosa o persona funcione o se comporte como está previsto”.

En términos económicos, cuando una persona confía entonces gasta, invierte, toma riesgos y genera un círculo virtuoso que incrementa la producción y mejora el bienestar de la población. Cuando se pierde la confianza sucede lo contrario: se deja de gastar, se trata de proteger lo que se tiene, y en el proceso se produce una “implosión” económica.

No existen economías que funcionen bien sin confianza. La confianza en un país que dejó de cumplir con sus compromisos ocho veces -y en el que muchos candidatos prometen no cumplirlos nuevamente- difícilmente mejore.

Las repetidas crisis económicas de nuestro país están asociadas a crisis de balanza de pagos –y de confianza- y no solo afectan el corto plazo sino también el mediano plazo al desincentivar la inversión. La balanza de pagos incluye tres grandes grupos: la cuenta corriente, la cuenta financiera y la variación de reservas.

La primera y la tercera reflejan identidades contables y están asociadas a desequilibrios de gastos y de emisión monetaria; mientras los movimientos de capitales están asociados a la tasa esperada de retorno ajustada por riesgo. El capital no tiene nacionalidad; fluye hacia donde obtienen la mayor tasa de retorno ajustada por riesgo

La confianza está reflejada en la evaluación del riesgo; con un riesgo país cercano a los 2600 puntos no debería extrañar que los capitales busquen salir del país en lugar de entrar. Los beneficios de cumplir con los compromisos y reducir el riesgo son enormes.

Ricardo H. Arriazu es economista.